Sevilla le robó el puente a París 5
Buscad las siete diferencias entre las dos imágenes de arriba. ¿No las encontráis? La verdad es que las mayores disparidades están, sobre todo, en el entorno y no entre los propios puentes. De hecho, el de Triana y el antiguo puente del Carrousel de París son hermanos. El nuestro, conocido oficialmente como Puente de Isabel II, fue diseñado por Gustavo Steinacher y Ferdinand Bernadet con la clara inspiración del entonces emblemático puente parisino, hoy desaparecido. Para este caso, decidieron evitar los elementos en madera y utilizar una amplia plataforma de acero sobre pilares de piedra.
Aunque desde hace décadas hay otras formas de llegar a Triana, como los puentes de El Cachorro o el de San Telmo (o dando la vuelta por las rondas que rodean la ciudad), cruzar el puente de Isabel II es el camino más clásico. De hecho, en el momento de su construcción fue el primer paso estable sobre el Guadalquivir en los últimos doscientos kilómetros de su cauce.
Situado en el corazón de la ciudad, unió en 1852 los muelles más antiguos del puerto de Sevilla con la plaza del Altozano para sustituir al precario puente de barcas que había permitido cruzar el río durante los seis siglos anteriores. Se trataba, sin embargo, de una solución ingeniosa: una alineación de barcas de una a otra orilla, unidas con grapas de hierro y ancladas al lecho del río y cubiertas con tablas de madera que servían como plataforma para el paso. La estructura del puente no era todo lo resistente que se podía esperar y durante cientos de años la mayoría de las avenidas del río desbarataban la unión entre las barcas y hacían necesario volver a construirlo crecida tras crecida.
El desarrollo de la tecnología del acero, en plena revolución industrial del siglo XIX, permitió a los sevillanos convertir el viejo sueño de un puente en realidad y olvidarse de las barcas para ir de una a otra orilla. Tras siete años de obras, el 23 de febrero de 1852 se organizó un gran desfile militar para la inauguración. Este martes se cumplen 158 años desde aquel día y miles de personas volverán a cruzarlo para contemplar la magnífica vista panorámica de Sevilla que se obtiene desde allí. De todas formas, hay dos momentos clave que año tras año convierten al viejo puente en el centro de la vida social sevillana: en las primeras horas de cada madrugá, cuando la Esperanza de Triana lo cruza en su camino a la catedral, y durante las noches de la velá de santa Ana, a finales de cada mes de julio, cuando la mezcla de la música que llega desde la calle Betis y la suave brisa que llega desde el Atlántico ayudan a hacer más llevadero el intenso calor del verano de Sevilla.


























